Móra la Nova fue históricamente una estación muy importante porque en el momento que se puso en servicio este tramo de la línea de los Directos, a finales del siglo XIX, esta tenía como misión principal comunicar Barcelona con Madrid, dos ciudades muy distantes. Para hacerlo, eran necesarios puntos de relevo de las locomotoras de vapor que tenían que ser sustituidas cada cierto número de quilómetros para poder hacer el trayecto en un tiempo competitivo y para que las máquinas desarrollaran sus mejores prestaciones.
En esa época las locomotoras y su tecnología permitían hacer estos tipos de relevos cada 150-180 quilómetros. Por eso se dividió el tramo Madrid-Barcelona, que tiene una longitud de 633 quilómetros, en cuatro tramos y Mora la Nova resultó ser un punto distante aproximadamente 150 quilómetros de Barcelona y unos 180 de Zaragoza.
También en Mora la Nova se hacía relevo de las tripulaciones del tren. En los trenes el capitán era el conductor del tren, y bajo su responsabilidad tenía el maquinista, el fogonero, y otro personal según la tipología del tren. En el caso de los de viajeros había mozos de tren, un revisor y otro personal al servicio del viajero y en casos de trenes de mercancías había mozos de carga y descarga y agentes guardafrenos. A causa del relevo era necesario dotar la estación de una serie de edificaciones que pudieran dar servicio a las tripulaciones para dormir y comer.
Móra la Nova también tiene otra particularidad, y es que se clasificaban los trenes de mercancías. Los trenes llegaban des de sus puntos de origen con un gran nombre de vagones cargados de productos diferentes e iban a destinaciones diferentes. En ese momento no había trenes de origen y destinación directa ni tampoco había trenes puros, es decir, con el mismo tipo de mercancía. En un punto del recorrido, los vagones se tenían que clasificar y esta operación se realizaba en muy pocas estaciones. Entre Barcelona y Madrid, la clasificación se producía en Móra la Nova.
